martes, noviembre 30, 2010

El milagro de la lucidez

Qué poco dura la lucidez del creador. Qué difícil, qué complejo es que dure...

Atom Egoyan es un artista. Sin duda. Un magnífico director de cine. De su mano han nacido espléndidas películas como Exótica, El dulce porvenir o El liquidador. Son historias que arañan, que inquietan, porque rascan en la superficie de las cosas, mostrando entonces nuestros verdaderos motivos, nuestros motores reales, esos que nos empeñamos en negar. El cine de Egoyan es frío pero intenso, alineal, morboso...

Pero ser un canadiense de origen armenio no garantiza la infalibilidad.
Este blog, que decimos de entusiasmos, recoge aquí un desentusiasmo (¿?). Ni se os ocurra ir a ver Chloe, la última película de Atom Egoyan. Pese a que la firma Egoyan, pese a que la interpreta la adorable Julianne Moore (we love you)... Chloe es un tostón largo e innecesario. Poco más que una peli de intrigas amatorias y asesinas, de esas que suelen programar las televisiones cuando la competencia les golea (relleno, digo).

O Egoyan ha visto la luz (ya se sabe, nada peor que alcanzar alguna certeza, de esas que crecen en nosotros como un cáncer y nos vuelve tontos y felices) o alguien ha puesto su nombre sin que él haya aparecido por el rodaje. En Chloe ni está ni se le espera. Si sólo hay que mirar el cartel (pues sí, yo me había puesto en lo peor, pero es que luego me dicen...).

Sabiendo lo que sabemos, lo poco que dura la lucidez del creador, habrá entonces que valorar aún más cuando ésta, la lucidez, toma forma, y brilla el espíritu de lo humano, y resplandece la elocuencia de las palabras, las imágenes, los sonidos... Esa lucidez se llama Exótica, se llama El dulce porvenir o El liquidador.

PD. Algo parecido le ocurre a Josep María Flotats. Tras el magnífico montaje de Encuentro de Descartes con Pascal joven, el actor catalán se ha enredado ahora en otro texto de su amada Francia, Beaumarchais, que representa en el Teatro Español de Madrid. Y tanto se ha enredado Flotats que se ha dado de bruces en el suelo. Es lo que tiene el ego cuando te alza en volandas, que igual que te eleva, te suelta. Cuantas cosas pasan en Beaumarchais y que aburridas resultan todas. Tanto actor desperdiciado... y Flotats haciendo de Monsieur Flotats. Cuánto dinero y talento malgastado!

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