Tengo la impresión de que el show televisivo está contagiando a unos cuantos periodistas. Ya sabíamos eso de que somos una estirpe obsesionada con nuestros quehaceres. Creemos que el mundo se detiene cuando publicamos un reportaje, damos una noticia o aparecemos delante de una cámara. Pensamos que quien está al otro lado del papel, de las ondas, de la pantalla o del ipad no tiene mayor preocupación que la historia que le estamos contando o la opinión que le estamos soltamos -a más de un tertuliano, por cierto, se le podría aplicar perfectamente el verbo 'escupir' en este caso-.
Reconozco que estoy afectado por ese vicio. Pero incluso para un adicto como yo, algunos episodios le parecen auténticas sobredosis. En las últimas semanas los medios de comunicación y sus profesionales han abusado demasiado del recurso 'yo, el protagonista'. Además de contarnos lo que sucede, convierten en noticia -a veces con demasiada relevancia- el cómo han conseguido dicha información. Incluso cuando la noticia es que no se pueden contar noticias o que la mega exclusiva es gracias al trabajo de otros y nosotros somos privilegiados transmisores de ese trabajo. Me explico con dos ejemplos.
